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En las épocas invernales, con la exposición al frío y a otros cambios climáticos que ponen a prueba nuestro sistema inmune, debemos tratar de optimizar la respuesta de nuestro organismo para evitar así contraer enfermedades virales o bacterianas.


Más del 25 por ciento de los casos de abandono de tratamientos para bajar de peso, están estrechamente relacionados a la falta de apoyo familiar, según demuestran las estadísticas internas de Sanatorio Diquecito.


La sobreingesta de determinados alimentos y la eliminación de otros tantos de la dieta cotidiana, producen un desajuste orgánico que nos repercute a nivel integral, generándonos consecuencias negativas de corto, mediano y largo plazo. Sin embargo hay buenas noticias: todo puede revertirse a partir de la inteligente selección de los alimentos que habremos de ingerir, y de de la determinación de cantidades adecuadas.


Sin distinguir clases sociales, el estrés ha llegado para quedarse y está destruyendo nuestro bienestar personal e incluso nuestras relacionales interpersonales. Adolescentes, jóvenes y adultos, sumidos en crecientes responsabilidades diarias, hemos caído en un desgaste que redunda en el cansancio permanente, en la pérdida de espacios comunes de intercambio y en un individualismo cada vez más marcado. ¿Cuál es la solución?


En los últimos años presenciamos el crecimiento del rubro de medicina estética en varios sentidos. Por un lado ha crecido la oferta y contratación de cirugías estéticas para perder kilos y modelar la figura, pero también ha crecido en gran manera la tecnología disponible al servicio de la imagen. Así, dentro de las opciones a considerar a la hora de modelar el cuerpo o restar años al rostro, no necesitamos pensar simplemente en someternos al bisturí.


Según el Prof. Dr. Chiosso, el mayor problema del abandono de la dieta viene cuando la persona se da cuenta de que no hay grandes diferencias entre las distintas propuestas terapéuticas de reeducación alimentaria sino que, por el contrario, todas implican reglas de restricción que el paciente no puede cumplir. Es allí cuando lo inunda un sentimiento de vergüenza que acarrea consecuencias muy negativas.

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